belleza mensual, junio’06

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esta semana, recordé una historia que escuché al pasar hace algún tiempo:

amar con las manos abiertas

“Una persona compasiva, veindo luchar a una mariposa por liberarse de su crisálida y queriendo ayudarla, muy suavemente soltó los filamentos para hacer un agujero. La mariposa fue liberada, emergió de la crisálida y aleteó, pero aún no sabía volar.

Lo que la persona compasiva no sabía, era que sólo a través de la lucha por nacer, pueden fortalecerse lo suficiente las alas para volar. Su abreviada vida transcurrió en el suelo. Jamás conoció la libertad, jamas vivió”

“Amar con las manos abiertas”, es un aprendizaje que me ha sucedido lentamente y que ha sido trabajado en las hogueras del dolor y en las aguas de la paciencia.

Estoy aprendiendo que debo liberar a quien amo, porque si elijo y trato de controlarlo, pierdo lo que trato de atesorar.

Si trato de cambiar a la persona que amo, porque deseo que sea como yo quiero que sea, le robo el don precioso de asumir la responsabilidad de su propia vida y elegir su modo de ser. Cada vez que impongo mis deseos y quiero o trato de ejercer poder sobre el otro, le robo la plena realilzación de su crecimiento y madurez. Lo limito y coarto con mi acto de posesión, sim importar cuán nobles sean mis intenciones. Puedo limitar y herir con los actos más amables de protección o preocupación desmedida y le estoy diciendo, sin desearlo en forma muy elocuente: “tu eres incapaz de cuidar de ti mismo. Yo debo cuidarte porque eres de mi propiedad. Yo soy responsable de ti”.

Mientras aprendo más y más práctico, puedo decir a quien amo …

Te amo y te valoro, te respeto y confío en que tu tienes o puedes desarrollar la fuerza para llegar a ser, sin que yo me entrometa en tu camino. Te amo tanto que puedo dejarte libre para caminar a mi lado en alegría y en tristeza. Compartiré tus lágrimas, pero no te impediré que llores. Responderé a tu necesidad, te consolaré y cuidaré; pero no te sostendré en mis brazos pues ahora entendí que puedes caminar por ti mismo. Estaré dispuesto a estar contigo en el dolor y en la soledad; pero te protegeré. Me esforzaré por escuchar tus deseos y tus palabras, pero no siempre estaré de acuerdo contigo.

Algunas veces estaré contrariado y cuando lo esté, trataré de decirlo abiertamente para no sentirme resentido por nuestras diferencias, ni menos aún sentirme excluido. No puedo estar siempre contigo para oir lo que dices o haces, pero si me pides consejo u opinión, seré honesto en responder prudentemente sin herirte.

Estoy aprendiendo a decir todo esto, ya sea con palabras o con mi modo de ser y llamo a esto “amar con las manos abiertas”.

Me cuesta a veces mantener las manos lejos de la “crisálida”, pero ahora siento que estoy mejorando,aunque sea poco a poco.

condensado del libro de Karl Roger, “El proceso de amar

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