el mundo en tu corazón: gangaji y el activismo político

“El mundo es ilusión, sólo Dios es real. El mundo es Dios.”

Alguien me preguntó recientemente sobre la conexión entre el despertar espiritual y estado real del mundo. No veo ninguna desconexión ahí. La raíz del activismo social y político es la libertad, y la raíz del despertar espiritual es la libertad.

La libertad realmente es sólo el principio. Necesitamos libertad social y espiritual para evolucionar conscientemente. Necesitamos ser libres de los límites de los dogmas y las obligaciones sociales (internas o externas) para descubrir conscientemente. Necesitamos ser libres como seres espirituales y necesitamos ser libres como seres humanos que habitan un planeta con otros seres humanos y también con otras especies.

Estamos en un momento crítico, y tenemos la capacidad y la necesidad de examinar la forma en que hemos hecho las cosas en nuestro pasado humano, individual y colectivo. Debemos decir la, a veces , dura verdad sobre lo que ya no funciona, aunque pueda haber funcionado en el pasado. Hemos sido expertos en hacer guerras: nuestra guerra interna, la guerra con lo que es diferente, con lo que es otro, con lo que no estamos de acuerdo. Nuestra tendencia como seres humanos es atacar todo lo que percibimos como una amenaza, tanto en nosotros mismos como en otros. Tenemos el poder de destruir y este poder ahora nos está destruyendo a nosotros, como está destruyendo a otras especies y  a nuestro planeta, nuestra casa. Nuestro poder de conquista se ha  vuelto contra nosotros.

La verdadera invitación espiritual es una llamada a la entrega. Es una llamada a abrir la mente y descubrir la paz. Esta entrega no es pasiva ni activa; es reflexiva. No es opuesta a un punto de vista activista, pero tampoco es adalid de una postura activista. Aún así, el activismo creativo e inspirador surge de entregar  los puntos de vista y de la apertura de la mente para un descubrimiento consciente. Para estar dispuestos a descubrir lo que puede ser una respuesta,  primero debemos abandonar nuestras preconcepciones de cuál es esa respuesta. Si aferramos el dogma espiritual o político y los idealismos sociales, seguimos viviendo vidas limitadas por el dogma y el idealismo, con los que podemos identificarnos, sin embargo, en algún momento en particular.

 * * *

 Hubo un tiempo en mi vida en el que me llamaba a mí misma activista política. Era una instructora no violenta en la Alianza Abalone, en la zona de Bay. Estábamos protestando porque querían construir  una planta nuclear sobre una falla. Parecía que lo responsable era protestar. Fuimos a San Luis Obispo, California, e hicimos una protesta no violenta y, como era predecible, nos metieron en la cárcel. Pasé diez días en la cárcel. Fue un tiempo realmente valioso pasado con individuos dedicados, y lo atesoré. Pero descubrí que algo me estaba desilusionando. Este descubrimiento fue importante, porque para descubrir la libertad, necesitamos estar desilusionados de nuestras viejas formas de vernos a nosotros mismos y al mundo. Descubrí que en todos nuestros encuentros de no-violencia y en el peligro de que se construyera una planta nuclear  sobre una falla, había  un regocijo en nuestra rectitud como opuestos a nuestros oponentes que estaban equivocados.  Nos estábamos levantando por lo que creíamos que era lo correcto, y que eso era algo bueno. ¡Pero también estábamos henchidos de orgullo por lo maravillosos que éramos!

La verdad es que había más placer en el aspecto del “nosotros contra ellos” de la protesta que en la posibilidad de que quizás la planta no se pudiera construir. Y al final se construyó. Descubrir esta santurronería (en mí misma  y en mis aliados) me desilusionó porque tenía una noción de que el activismo político era realmente trabajar para todos. Sabía que una poderosa planta sobre una falla no discriminaría entre quienes pudiera herir si había un terremoto. Estaba desilusionada, y en vez de parar y enfrentar el dolor y la raíz de esa desilusión, me retiré del activismo político.

Cuando me retiré del activismo político, fui juzgada duramente por quienes siguieron comprometidos con la causa. Sintieron que me estaba escabullendo. Y quizás me escabullía, porque en un sentido mi sistema nervioso realmente no podía tratar con la guerra, incluso con la guerra por la paz. Fue en ese punto donde mi identidad espiritual comenzó. Creí que estaba huyendo de la dureza del activismo a la dulzura de la espiritualidad. Pero en el mundo espiritual descubrí el mismo paradigma “nosotros contra ellos”. Mis nuevos cohortes espirituales tenían la sensación de estar en lo correcto sobre los activistas políticos y sociales y sobre cualquiera que siguiera involucrado con el mundo. El dogma afirmaba que puesto que el mundo es ilusión, y puesto que aquellos que eran activos en el mundo sólo estaban contribuyendo al sufrimiento en el mundo, nosotros, los buscadores espirituales, éramos mejores, o al menos más evolucionados, que quienes tratan de arreglar los problemas de un mundo ilusorio.

 ***

 Esta dicotomía tiene que ser resuelta antes de que podamos descubrir si el activismo o la retirada del mundo (o una combinación de ambos) es nuestro particular camino. Ciertamente, no todo el mundo debe ser un activista o un buscador espiritual. Hay sitio para todos nosotros, puesto que todos estamos aquí, y ni una ni otra cara de la dicotomía necesita sentirse superior o inferior a la otra.

Todos tenemos aspectos particulares que jugar. Como humanos, generalmente quedamos acorralados en el pensamiento de que deberíamos estar haciendo algo que la gente que admiramos hace, o que hace nuestra familia, o que nuestra cultura dice que es lo correcto hacer. Conozco esto muy bien. Al crecer en el Sur, creía que debía ser como una mujer sureña de mi era había sido entrenada para ser; intenté ser eso y fallé. Era una mentira para mí; no era lo bastante femenina o dócil o bonita. La verdad es que tuve que causar sufrimiento al hombre que se había casado conmigo, creyendo que yo era así (puesto que pretendía serlo), para terminar con esa mentira. De la misma forma, es fácil caer en una vida de activismo o en una vida espiritual sólo porque es el “estilo de vida” subcultural que prevalece.

El guru de Papaji, Ramana Maharshi, fue probablemente uno de los seres más inactivos del planeta. Durante su vida, India estuvo inmersa en una gran agitación. Fue el tiempo de Gandhi que era el epítome del activismo social. Gandhi estaba jugando su parte y Ramana simplemente estaba siendo silencioso. La gente iba a Ramana y le decía: “¿cómo puedes sentarte aquí apartado de todo? Hay gente sufriendo. Deberías hablarles sobre la paz, o ayudarles a deshacerse del yugo de los británicos”. Su respuesta era: “así es como tiene que ser. Soy quien soy.”

Cuando Papaji estaba con Ramana, India estaba atravesando por grandes disturbios debido a la división. Papaji era de la parte de India que había sido designada musulmana, y él y toda su familia eran hindúes. Ramana le dijo: “ Ve al Punjab y coge a tu familia”. Papaji le dijo: “El mundo es ilusión. Esto es todo lo que es real. El mundo es sólo un sueño. ¿Por qué debería irme de tus pies? Aquí es donde estoy en paz.” Y Ramana le dijo: “si el mundo es sólo un sueño, ¿cuál es la diferencia? Ve y coge a tu familia”. Esto fue lo que en mayor medida abrió paso a Papaji para su realización de la no-dualidad del mundo. Ilusión, Dios y Verdad. Fue al Punjab y recogió  a su familia, escapando justo a tiempo en el último tren que salía de Lahore. Y se dio cuenta de que no hay separación. Descubrió que la paz que se revelaba en presencia de su Amado Ramana, estaba en todas partes.

 ***

 Realizar que no hay separación es un alto grado, pero hace falta que antes seamos libres para seguir de verdad aquello para lo que tenemos naturalmente afinidad o talento. En un tiempo quise ser bailarina de ballet. Quizás tenía algo de talento como bailarina, pero no tenía lo que hace falta para ser una bailarina de ballet. Habría sido totalmente irrealista seguir ese objetivo simplemente porque mis padres pensaban que sería maravilloso, o porque las bailarinas llevan unos vestidos preciosos. En cierto punto tuve que decir la verdad: ¿está este cuerpo hecho para eso? La respuesta fue no. Más tarde tuve que descubrir que no estaba hecha para ser una versión idealizada de la mujer sureña. Luego tuve que decir la verdad sobre el activismo político: ¿es realmente así, realmente, como quiero vivir mi vida? Era como yo pensaba que debía vivir mi vida, pero ¿era realmente lo que quería? La dura verdad fue que no.

Me enfrenté a un dilema parecido en mi vida espiritual: ¿qué es lo que quiero realmente? ¿quiero la verdad o sólo quiero más estados de éxtasis? Cuando descubrí que lo que realmente quería era la verdad, estuve preparada para encontrarme con mi verdadero maestro. Él me instruyó para parar, para retirarme de todos los conceptos que tenía de lo que es la verdad, el activismo, lo espiritual, de lo que es el mundo, lo que soy yo, lo que eres tú, y para permanecer con lo que queda cuando todo se descarga. Para dejar entrar al mundo en mi corazón realmente, en lo más profundo, en el sentido más verdadero, tuve que estar dispuesta a abandonar todo lo que pensaba del mundo como la versión mental, emocional y de experiencias,  que tenía de él. De estar con mi maestro obtenía la libertad para preguntarme a mí misma si realmente estaba hecha para ser la idealización de cualquier cosa. La liberadora respuesta fue no. Con esa respuesta pude descubrir para lo que estaba hecha: ser libre de todas las idealizaciones. Son sólo nuestras ideas las que nos separan, y sin ellas, incluso por un momento, descubrimos que el mundo ya está vivo en nuestros corazones. Entonces tenemos la elección de abrirlo a todo ello más completamente,  para retirarnos de ello o seguir estando en guerra  de diferentes formas.

* * *

Nuestros conceptos del mundo nos tiranizan. No estoy sugiriendo que dejes tus conceptos del mundo en tu corazón, sugiero que puedes abandonar todos los conceptos, especialmente el del mundo como lo piensas. Ve un paso más allá de tus pensamientos, y descubre entonces lo que  ya está en tu corazón, en el núcleo de ti mismo, la parte más profunda de ti, sin lo que no habría tú.

Te invito a retroceder de tus pensamientos del mundo para descubrir lo que queda cuando abandonas todos los pensamientos sobre el mundo. Entonces, si el mundo reaparece, se descubre que es uno y lo mismo  con lo que se descubrió cuando no había mundo. Cuando dejas entrar lo que es verdad en tu corazón, te das cuenta de que  es tu corazón lo que es verdad. Te das cuenta de que el mundo no está separado de eso.

Por eso estamos aquí. Esta es nuestra oportunidad. Si eliminamos el dogma tanto de nuestra vida  espiritual/religiosa , como de nuestra vida activista/política, nos quedamos con un ver sin prejuicios. Si no estamos constreñidos por lo que debería o no debería ser investigado, podemos decir la verdad sobre lo que apoyamos, sobre lo que queremos para nosotros mismos y para toda la humanidad.

¿Qué queremos para  nuestro planeta, para nuestra comunidad? Si lo que quieres es paz y cooperación y amor, y si estás realmente dispuesto  a no saber cómo se llevará a cabo eso, entonces tu mente estará abierta para descubrir.

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